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Abstract

En este ensayo me propongo argumentar dos ideas: la primera, cómo, pese a su conocido e incuestionable carácter subversivo, Las Hurdes (Luis Buñuel, 1933) respeta en verdad las convenciones del género documental y, en consecuencia, cómo el cineasta calandino, a pesar de sus juegos formales con el surrealismo, era un hombre conocedor de (y alineado con) la práctica vigente de tales códigos genéricos. La segunda, que por medio de dicho respeto escrupuloso a las convenciones del documental, Buñuel consigue articular ese momento que Tzvetan Todorov (1938-2017) localiza alrededor de la duda que, entre creencia y descreencia, surge hacia aquello que es/parece/se piensa sobrenatural justo antes de decidir si es posible o no explicarlo; duda que para Roger Caillois (1913-1978), significaba también una ruptura con el orden establecido, así como la irrupción de lo inadmisible dentro de una legalidad cotidiana que se suele presentar inmutable. En otras palabras, lo fantástico.

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